El mandala es una forma de expresión ligada a la espiritualidad en las culturas ancestrales, cuyo rasgo común es la representación del círculo inscrito en múltiples y determinadas formas geométricas, figurativas y colores.

Cada mandala nos abre una puerta al conocimiento espiritual y nos da una explicación esotérica del estado anímico de cada ser humano, en razón a un dibujo místico casual. Es una forma singular y antigua para explicar el mundo.

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Cómo hacer mandalas

Para realizar un mandala no necesitamos ningún tipo de conocimiento específico. Tan solo es necesario conocer que sus formas y colores pueden conectar con nuestra espiritualidad y con nuestro ser. La forma de cada mandala nos dirá como hemos aplicado nuestra espiritualidad en las cosas y como buscar el centro de gravedad.

La unión entre cuerpo y mente a través de los mandalas sigue siendo una terapia de orden espiritual, cuyo resultado dependerá del estado de ánimo que tengamos. Su resultado será el reflejo de ello.

Para poder realizar un mandala que sea un fiel reflejo de nosotros mismos, tenemos que estar bien relajados y en disposición de hablar con nuestro «yo interior». Hay que volcar en el dibujo nuestra fuerza espiritual para obtener el mandala adecuado a cada estado espiritual.

Formas de los mandalas

Las formas de los mandalas guardan un significado espiritual en la continuidad de su geometría. Cada mandala tiene un trazo en función de su intencionalidad y el beneficio que se espera de él. Veamos cuáles son las formas más representativas de los mandalas y su significado.

Círculo

Es la forma esencial. Su representación está unida a la idea de la plenitud absoluta y el espacio vital necesario que la contiene. Significa la lejanía y la cercanía al mismo tiempo, la equidistancia en contraposición y complemento a la cercanía

Cuadrado

El cuadrado está relacionado con el equilibrio emocional. Su trazo parte del centro de la circunferencia que lo rodea, llegando a representar la cosmogonía en determinadas culturas mesoamericanas y orientales antiguas. Representa por tanto los cuatro puntos cardinales hacia donde hemos encardinado nuestra vida.

Triángulo

Es una forma de mandala relacionada con la vitalidad del agua y su poder transformador. El triángulo se superpone en muchos mandalas creando esquemas repetitivos, imitando el movimiento natural del agua. El triángulo lleva inscrito tres ángulos, uno por cada parte esencial del ser, cuerpo, mente y espíritu, y en su interior podemos buscar la iluminación. Es un símbolo de la representación divina y del poder.

Espiral

Está relacionada con los mandalas dedicados a las energías curativas. La representación de la serpiente enroscada es habitual en esta forma mandálica. Su intención es comprender la naturaleza cíclica de la vida. En la naturaleza, la forma espiral se da de manera espontánea. Así, es normal que los niños al dibujar sus primeros trazos lo hagan con espirales. Denota inocencia y pureza de alma.

Cruz

Es un tipo de esquema relacionado con los 4 puntos cardinales. Pueden ser representaciones de las estaciones del año. La cruz es un mandala cuya intencionalidad es encaminarnos a la toma de decisiones en la vida. No hace falta comentar que es el símbolo religioso más representado por la gran difusión del cristianismo (su etimología es la «cruz»).

Corazón

Su significado tiene que ver con la unión espiritual y el amor. Quizás sea uno de los mandalas más representados por Occidente. Está relacionado con la forma triangular como símbolo de pureza y sensualidad. La iconografía religiosa cristiana está llena de representaciones de este símbolo, como una imagen del todo y de la devoción.

Estrella

El mandala con la forma de estrella hace referencia a una doble intención: la libertad y la espiritualidad como formas de realización. Los mandalas estrellados son de particular belleza y geometría. Su visión tiene una intencionalidad hipnótica, siendo capaz de hacernos entrar en un estado de máxima concentración.

Pentágono

El mandala pentagonal hace referencia al ser humano en relación a la perfección de ciertas formas humanas y naturales: las manos, flores, árboles, bosques, regiones o hasta la propia tierra, guardan una esencia de forma pentagonal armónica. Su desarrollo está vinculado a una intención espiritual en relación a la salvaguarda de la Tierra.

Hexágono

El hexágono está vinculado al equilibrio y la idea de perfección natural. Sabemos que el ojo del huracán es formalmente hexagonal, un esquema geométrico que se genera y se repite en la naturaleza de forma espontánea. Para muchas culturas, como las gentes del mar, el hexágono es principio y fin de todas las cosas. Lleva implícito el seis, relacionado con la absoluta perfección desde lo molecular a lo gigante.

Mariposa

Los trazos con esta forma se vinculan a su carácter renovador. Están relacionados con el tránsito a otro estado de consciencia y con la renovación del alma. Es una forma exenta de líneas rectas, donde el trazo experimenta la sinuosidad de los caminos del alma. Podemos interpretar su intencionalidad como la capacidad y necesidad del ser humano de buscar la libertad más allá de nuestro yo interior.

Laberinto

La forma del laberinto se representa como la confusión necesaria en nuestra búsqueda personal. Es una forma universalmente conocida en muchos mandalas. Hace referencia a la capacidad del ser humano para salir y entrar del universo espiritual de forma inconsciente.

MIENTRAS TE PREOCUPES POR LO QUE OTROS PIENSEN DE TI

LES PERTENECES

Neale Donald Walsch

El poder renovador de los mandalas

Hacer mandalas es una actividad que se ha hecho universal. Para conocer sus beneficios hemos de conocer el significado de sus formas. Dependerá de la capacidad de abstracción personal, del estado de quietud de nuestra mente y de nuestra intencionalidad el hacer un mandala que finalmente nos haga sentir bien.

Para dibujarlo con todas las garantías de mejorar la emocionalidad que estamos buscando, debemos prepararnos previamente y físicamente. Elegiremos un lugar tranquilo y bien iluminado, para que la unión de los colores y las formas sean perfectas y lleven implícito en su diseño un mensaje terapéutico.

Todos los mandalas conservan formas que son representaciones del macrocosmos y del microcosmos, así como del ser humano en todas sus dimensiones: mental, física, espiritual y social.

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